viernes, 26 de junio de 2009

miércoles, 17 de junio de 2009

Creo que es un cuento

(fragmentos) UNO Creyó que detrás de la esfera había otra esfera un poco más infinita y que detrás de ella habitaba un Ser entre unas montañas, también ellas infinitas. Creyó que si alcanzara aunque sea luego de varios intentos al menos a la primera esfera quizá entendería, quizá formaría parte de ese espacio y pudiera ver un poco más allá del Ser y las montañas (y otros mares de cosas que imaginaba). ¿Cómo llegar a esa esfera? DOS Le contó algo así como que cuando caminaba algunas chapitas o metales en el atardecer brillaban, y debía levantarlas, escribir algo en un pequeño papel que encontrará en su bolsillo, rotularlas y guardarlas en una caja que ya casi rebalsaba de chapitas rotuladas. También en esos momentos estaba entendiendo que sin el dedo chiquito de la mano, algunas personas harían lo mismo que con él. Todo estaba en la música. TRES Los caracoles andaban reptando mucho. CUATRO Lo de las chapitas la tranquilizaba, alguna comunicación existía en todo eso de las chapitas. Parecido a las semillas en los frascos. Parecido a lo de la luz. Chapitas rotuladas. CINCO Alguna decía: “el jazmín de la casa y un malvón dicen lo que es de ser”. “Siempre son las cinco de la tarde, todos los días son las cinco de la tarde ¡¡Hay que merendar con algún sombrerero loco!”, decía en un papel que envolvía cinco chapitas igualmente oxidadas. “…Si tus zapatillas tienen tres cordones o a veces mas (según cuantas quieras atar a tus pies) deberás caminar más allá de la torre de botas donde te encontraras con el caminante del sur. El te ayudara a acordonarte sin caer”. Decía en un papel que envolvía una tuerca. Del otro lado del papel podía leerse: 1Kg. De papas. Ajo, mandarinas, 300 de levadura, jabón en polvo, crema enjuague, 1 paquete de aceitunas sin carozo. Fragmentos, pedazos de escritos, que le hacían acordar a la chapita, al brillo lumínico de aquel atardecer, o simplemente le venían, quien sabe desde donde. Quizás, desde la esfera. SEIS La telepatía lumínica. Ya le contaría más. A ella le parecía mas asombroso lo de los parpados, no se había animado a contárselo. Algo estaba cambiando, en realidad, TODO del todo, estaba transformado. El caso era extraño. Mr. Hyde – Dr. Yekyll, Dr. Yekyll – Mr. Hyde. Y…La luz. La comunicación. El ser humano. El animal. Primate. Salvaje y monedas. Desde otros lados. Interactuando. Algo en la teta izquierda daba vueltas sin sentido. Y una puerta se abría con menos sentido aún. Pidiendo apagar algo. ¿O pagar algo había pedido? Porque pegarle a alguien no era. Aunque sin patadas, podía ser. Sin patadas de la cintura para abajo. Eso! Sin patadas de la cintura para abajo, y nos agarramos. Apagar, pagar o pegar, eran tal vez las tres cosas. Luz, primate y monedas, sin patadas de la cintura para abajo. Y nos agarramos. SIETE Lo más importante ahora era el calor que hacía ese día, y el asunto de los parpados que no se resolvía. Él no llamaba y no sabía después de esas cinco horas de espera adonde habría ido a parar. Ninguna señal, no se sabía nada. Tendría que escuchar la luz, pero el asunto estaba complicado. Una interferencia andaba dando vueltas, ¿serían las esferas?, o tal ves era porque no había encontrado ninguna chapa que brille de esa manera en estos últimos días. Todo estaba tan estancado. Se nadaba en un poso, queriendo agarrar las estrellas que se reflejaban desde el cielo en las aguas de un poso, se creía estar cada vez más cerca de la estrella y en cuanto llegaba, todo se volvía borroso y se camuflaba entre las aguas. Hasta que allá mas lejos, se veía otra estrella y comenzaba la búsqueda hasta ella, imaginándose algún día, tener una entre sus manos, solamente para acariciarla un poco y preguntarle algo acerca de la luz, de las esferas o de cuanto tiempo podía aguantar una estrella abajo del agua. Cada día aparecía un interrogante distinto. Y cada día se agotaba más de nadar en el poso, sin saberse nadando. OCHO ¿Donde estaba la luz?, algo en la comunicación, algo en la comunicación, ¿ y los parpados?. Los parpados le dolían, las pupilas también y su cuerpo chorreaba, parecía baba, todo se pegaba, la ropa estaba mojada y el sudor le hacia cosquillas en la nuca. Tres Kilos de papas, veinticinco de zapallos y un sillón gigante parecían estar atados a sus piernas. En la espalda le pesaban dos sandías y un Mamut nonato de 400 kilos. Pero sin embargo caminó igual aquellas cuadras. Trescientas veinticinco veces se dijo que no volvería a nadar en el poso, sin embargo las estrellas brillaban, todas ellas brillaban fuertemente en las aguas. Parecían chamuscarle las pestañas con su fuerte brillo. NUEVE Sus contactos estaban perdidos, debía salir de ese páramo de mentiras, para encontrar nuevamente la conexión de la luz. O jugar de nuevo al ajedrez con el sapo gris, tirando del hilo invisible para que caigan las manzanas y endulcen naturalmente el camino. Que por supuesto no se sabía para qué lado estaba. DIEZ Podían verse detrás de la esfera, mas esferas todavía. Detrás de eso, parecía que no había más que otra cosa. Su cabeza era solo una esfera, se estaba volviendo una esfera, que no tenía un fin. El zapallo estaba quemado, y el olor se desparramaba por el ambiente. ¿Pero que guata mental estaba taponándole las ideas? Una guata espesa le salía como a un muñeco de trapos. TRAPOS. Más que guata eran trapos e hilachas que le salían por la garganta y a veces por los ojos, cayendo al piso (si es que en medio de todo eso existía un piso). Ya no se veía. Un cautiverio de trapos taparía el cuerpo. Y empezaría una repetición sucesiva de guatas-trapo caminando por una inmensa cornisa donde no se sabía para que lado caer. Porque en caer estaba la cuestión, había que caerse y entrar en el infinito o pisar tierra firme de una vez por todas. Quizás ya se había caído y por eso su cabeza era una esfera.

MaRina, Creo que es un cuento, fragmentos continuados)

creo que sigue en la otra pagina...